Publicidad:
La Coctelera

spankthor

24 Julio 2007

Mis comienzos con Ana (2)

Me senté sobre el borde del sofá y, tirando de su muñeca izquierda, la coloqué boca abajo sobre rodillas.

Llevaba una falda a medio muslo, por lo que al colocarla apenas llegaban para tapar sus nalgas. Por un momento me quedé admirando la parte alta de sus muslos. - Te voy a dar unos buenos azotes en el culo para que sepas lo que es bueno, y aprendas a respetarme - y diciendo esto, levanté mi brazo derecho y lo dejé caer sobre sus nalgas, al principio sin demasiada convicción, pero como vi que apenas se inmutaba, lo descargué con mayor fuerza, tras lo que empecé a escuchar sus grititos, castigada. En un principio, alternaba el lugar de caida de la mano, a la derecha, a la izquierda, regodeándome con cada azote.

Al principio la nalgueaba sobre la faldita, pero por a poco la mano fue golpeando la parte alta de sus muslos, calentando y enrojeciendo su piel, y fue cuando empezó a hacer mella en ella el castigo...

- ¡Joder!. ¡Escuece! Pero la muy golfa seguía sin oponer resistencia.

- ¡Cállate y espabila, pequeña puta!. ¿Crees que me gusta que me des esquinazo, verte con otro chico?. A partir de ahora sólo harás lo que te diga.

- Sí, Luis... ¡Aughh! Lo que tú digas.

No sé si fueron 20 o 30 azotes los que cayeron sobre su trasero, pero gocé como nunca. Cuando me cansé, y queriendo evitar que notara la erección que tan violentamente estaba teniendo, le ordené levantarse. Me la quedé mirando. Ella, con la cabeza baja, con la cara colorada, se colocaba las manos sobre su trasero dolorido. A mi comenzaban a picarme las manos, y por un momento quise dejar los azotes, pero se me ocurrió que podía empezar a jugar con ella... a dar una pequeña vuelta de tuerca...

- ¿Sabes lo que va a hacer ahora la niña mala?.

Levantó su vista hacia mí.

- ¡Desnuda tu culo para mi!

Como ví que me miraba sin comprender, insistí con mayor firmeza.

- ¡Que te quites la falda, te digo, y quítate la braguitas, ¿o quieres que yo mismo te las quite?!

Se dio la vuelta, avergonzada, retiró su falda. Para que se quitara sus braguitas blancas hube de insistir de nuevo, pero lo acabó haciendo. Pude ver su culito, nada aparatoso, y observé cómo la parte alta de los muslos estaba ya colorada, pero sus nalgas apenas estaban algo rosadas, por lo que la ordené:

- No he acabado contigo. Coloca tus brazos sobre la mesa y separa las piernas.

Y lo hizo. Metí mi mano bajo la cama y localicé una de mis zapatillas. Me acerqué por detrás. Vi sus nalgas que parecían llamarme, y pasé mis dedos por debajo, acariciando levemente su vulva... estaba mojada, ¡excitada!

- Vaya con la nena.. ¿Te excita esto?.

No dijo nada.

- ¿Te pone cachonda, verdad? – Pasé de nuevo mis manos por su rajita y le di a probar sobre sus labios su propia humedad. Sacó su lengüecita, lamió, se introdujo el dedo en la boca, y yo le aferré su mentón, y le descargué un zapatillazo con fuerza, para que lo sintiera. Pegó un salto.

-¡Quieta! ¡Ni te muevas!.

Comencé por descargar varios zapatillazos, lentamente, como desgranándolos. De vez en cuando le acariciaba su conejito, ardiente, húmedo, e incluso introducía mi dedo pulgar entre sus labios carnosos y tibios... Y, joder, cómo me estaba aguantando las ganas de poseerla allí mismo, pero no podía ser, tenía que castigarla, que supiera como podía ser tratada, no quería convertirlo en una fiesta de sexo, y menos ahora, que la sabía excitada, receptiva.

Ella comenzó a gimotear y a suplicar que por favor parara. Yo insistí un poco más.

- Me detendré cuando lo crea conveniente, cariño.

De pronto me detuve. Observé mi obra, dejando pasar unos segundos, los cuales ella aprovechó para decirme que sería buena, que no lo haría más, que yo era su hombre y que si no respondía a mis expectativas, podía castigarla siempre que quisiera.

Ese día le acompañé a su casa y al dejarla en su portal, me llevó tras la escalera, al cuarto de las bicicletas. Abrió la puerta y entramos. Y enla oscuridad me dio un largo, profundo y delicioso beso que jamás olvidaré, momento que yo aproveché para introducir mi mano bajo su falda y hurgar, decidido, con mis dedos dentro de su vulva... ¡joder, sí que estaba mojada!...

Se pegaba a mí como una lapa, enroscándose, sin dejar de meter su lengua en mi boca. Mientras, yo seguía con mis dedos hurgando dentrode su delicioso coñito, aferrando su vulva y apresando su clítoris, estirándolo y frotándolo con mi dedo corazón. De pronto, se estiró y emitió unos gemidos agudos, pero contenidos y se quedó quieta por un instante.

A continuación, se puso en cuclillas y tras abrir la cremallera de mi pantalón, sacó mi polla erecta, a punto de reventar. Apenas tuvo tiempo de aprovecharla: fue sentir la cálida y húmeda boca de Ana y explotar dentro, e inundándola....

Y eso sólo fue el comienzo. Vendrían más días de locura spank con ella.

SPANKTHOR

servido por spankthor 7 comentarios compártelo

10 Julio 2007

Mis comienzos con Ana (1)

Lo cierto es que conocí a Ana una noche de fiesta recorriendo pubs musicales en León. Yo por aquél entonces tenía 25 años y ella aún disfrutaba de los 21. Era poquita cosa, 1,61 m: morena, delgadita, con caderas breves pero, eso sí, con generosas tetas. Aunque no era especialmente guapa, sí era muy agradable hablar con ella. Estudiaba magisterio y tocaba en un grupo musical de la movida leonesa.

Intimamos en seguida y cuando quisimos darnos cuenta, llevábamos varios días saliendo por las noches, disfrutando del León nocturno. No éramos novios, pero nos atraíamos mutuamente: Bailábamos, íbamos al cine,... pero cuando querías traspasar fronteras en la intimidad, era bastante sosa y apenas te daba cancha.

Eso era así, hasta cierto día en que quedamos en el Húmedo, éste es un barrio de León en donde se alterna entre cañas y tapas.

Eran las ocho de la tarde cuando llegué al bar en el que estábamos citados, como lo hacíamos habitualmente, me hizo esperar y, al poco, la vi llegar acompañada de un chico.

Me acerqué a ella, pero ella respondió retirándose, haciendo como que no me conocía y dándome a entender que con quien estaba era con el otro. Lo intenté varias veces cada vez más extrañado de su actitud, y con el mismo resultado: me esquivaba dándome la espalada o alejándose con el chico. Llegué a cabrearme muchísimo, pero sin manifestarlo, simplemente me fui a casa solo, rumiando lo sucedido.

Me puse a ver la tele, intentando olvidar lo sucedido, pero con un gran resquemor ante una situación que no entendía. En ello estaba cuando sobre las 11 y media de la noche llaman a la puerta y me encuentro con Ana, quien me pide pasar para hablar. Yo, dando muestras de “no pasa nada”, la invito a pasar. Me pide perdón por lo sucedido, me dice que no sabe qué le ha pasado, que se encontró con este chico,... tofo ello en una actitud temerosa y muy sumisa, algo que desconocía en ella.

Obviamente sus explicaciones me crecieron, pues aunque había adoptado en principio una posición de “no me has hecho el daño que imaginas... no ha pasado nada”, pasé pronto a una actitud severa, dada su sumisión.

Le dije varias cosas de forma enérgica: “¿quién crees que soy para tratarme así?. ¿Crees que soy tan gilipollas como para sentir celos?. ¿Eres tan estúpida que con un “perdona, no lo hice con intención”, es suficiente?... Por mi tienes la puerta de la calle abierta, sólo tienes que cerrarla por fuera y no volver a cruzarte más en mi camino..” y cosas por el estilo”.

Ella sólo cabeceaba y balbuceaba cosas como “lo siento... he sido una tonta... no sé porqué lo he hecho... sólo quiero estar contigo...”

Claro que yo al principio no caí en la cuenta, pero ella no hacía más que insinuarme que merecía un castigo, pues repetía frases como “merezco lo que me digas,... Castígame, si quieres, por mi comportamiento,... Hazlo. He sido mala. tienes toda la razón... soy una estúpida”.

Hasta que la dije que se había portado como una niña y que necesitaba que alguien la enseñase a comportarse. Le cambió la cara.

- Podrías guiarme tú. Es verdad que soy como una niña, y necesito un severo correctivo – me dijo.

Y, de pronto, una idea cruzó por mi cabeza. Yo, que de vez en cuando alquilaba vídeos sobre spanking, incluso sobre bondage y sadomasoquismo, tenía a mis pies la oportunidad de expresarme con ella como tantas veces había imaginado.

¿De veras – la dije – estás segura de que necesitas un correctivo?.

Sí, necesito que me perdones. Soy una niña tonta y quiero un hombre severo, que me eduque.

¿Estás segura de lo que dices?

Y ella, de pronto, dejó su imagen sumisa y levantó la mirada, desafiante, y me dijo lo que en ese momento quería escuchar:

- ¿A qué crees acaso que he venido entonces?.

Me quedé mirándola, la tomé por la barbilla y mirándola a los ojos le dije:

- Tú lo que necesitas es unos buenos azotes..

... ¿Y tú crees que serás capaz de dármelos?

servido por spankthor 9 comentarios compártelo

10 Julio 2007

Hola, spankers y spankees

Acabo de darme de alta en estas páginas e iniciar mi blog. Soy un Dominante madrileño, amante principalmente del spankingy de todas sus variantes. Tengoexperiencias desde mi adolescencia y, lo que es aún más importante, con deseos de seguir experimenteando en la práctica de los azotes y dejar volar la imaginación.

Unas manos fuertes sobre un culito indefenso... Pocas cosas hay tan delicadas, tan dulcesy excitantes como el temblor de unas nalgas calientes, coloradas, ofrecidas...

Busco encontrar amigos y amigas que disfruten de los mismos juegos, incluso de la entrega y la sumisión dentro del respeto y la confianza. Nada hay mejor que contar con la amistad de quienes disfrutan de los mismos gustos y aficiones.

Un saludo, amigas y amigos.

servido por spankthor 6 comentarios compártelo


Sobre mí

Fotos

spankthor todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera